Martes, 27 de octubre de 2026
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Lula remonta elecciones y gana balotaje en Brasil

El ex presidente brasileño logró ganar el balotaje tras perder la primera vuelta, rompiendo una tendencia histórica.

Manifestantes en Brasilia celebran la victoria de Lula en el balotaje.
Manifestantes en Brasilia celebran la victoria de Lula en el balotaje.

BRASILIA.— Luiz Inácio Lula da Silva consiguió lo que ningún candidato presidencial había logrado antes en la historia reciente de Brasil: perder la primera vuelta y remontar en el balotaje. El presidente obtuvo 64,256,232 votos, equivalentes al 51.79 % de los sufragios válidos, mientras el senador derechista Flávio Bolsonaro alcanzó 59,826,041 votos, un 48.21 %, según el resultado oficial del Tribunal Superior Electoral (TSE).

Tres semanas antes, la situación era muy distinta. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro había terminado primero con 47.03 %, mientras Lula consiguió 45.16 %, una diferencia de más de 2.2 millones de votos a favor del senador. Hasta 2026, las siete elecciones presidenciales brasileñas que habían requerido una segunda vuelta desde 1989 habían terminado de la misma manera: quien ganaba la primera también ganaba el balotaje. Lula rompió esa regla histórica.

¿Cómo logró cambiar una elección que parecía inclinarse hacia Bolsonaro? La respuesta no está en un único factor. La movilización de sus seguidores, un cambio drástico de estrategia en las redes sociales, el uso político de los logros de su Gobierno y determinados momentos de los debates televisivos aparecen entre las principales explicaciones.

Lula volvió a las calles y dio un giro en las redes. La primera diferencia visible entre ambas vueltas fue la movilización. Después de una primera campaña que había mostrado menor entusiasmo en las calles y dificultades para competir digitalmente con la derecha, el lulismo intensificó sus actos, marchas y estrategia en internet. Una pieza central fue el diputado André Janones, responsable del canal de WhatsApp denominado “Exército do Lula”.

La plataforma pasó de cerca de 50,000 seguidores al finalizar la primera vuelta a superar los 10 millones antes del balotaje. Desde allí se difundían videos, mensajes, hashtags y tareas concretas para que los simpatizantes multiplicaran el contenido de campaña en otras redes. El cambio fue tan significativo que Lula reconoció públicamente a Janones después de su victoria y destacó su papel en la movilización de los seguidores durante la recta final.

A la estrategia digital se sumó una mayor presencia en las calles. Manifestaciones, actividades estudiantiles y actos políticos se extendieron por varias ciudades, mientras la campaña buscaba principalmente movilizar a quienes no habían acudido a las urnas en la primera ronda. Y los números muestran que hubo una respuesta. En el segundo turno participaron 128.2 millones de electores, cerca de 3 millones más que en la primera vuelta. La abstención bajó de 21.08 % a aproximadamente 19.2 %, algo inusual en Brasil, donde históricamente tendía a aumentar en los balotajes.

Lula pasó de 53.8 millones de votos en primera vuelta a 64.2 millones en la segunda: ganó aproximadamente 10.4 millones de sufragios entre ambas jornadas. Flávio Bolsonaro también creció, pero mucho menos: de 56.1 millones a 59.8 millones. Ese salto en participación y la capacidad de atraer votantes de candidatos eliminados resultaron determinantes.

La segunda clave fue una ventaja propia de quien busca la reelección desde el poder: Lula podía llegar a las últimas semanas exhibiendo decisiones gubernamentales con efecto directo sobre millones de brasileños. Durante octubre, el Gobierno aumentó y anticipó pagos del Bolsa Família, programa social emblemático de Lula. Ese mes, 19.3 millones de familias fueron beneficiadas y la nómina del programa pasó de unos R$13,000 millones en septiembre a cerca de R$15,000 millones en octubre.

La anticipación para que los beneficiarios recibieran sus pagos antes del segundo turno generó cuestionamientos sobre su oportunidad electoral; una estrategia similar había sido utilizada por Jair Bolsonaro antes del balotaje de 2022. Pero hubo otro logro que Lula pudo incorporar directamente a su discurso electoral: el fin progresivo de la escala laboral 6×1.

El Congreso promulgó el 16 de octubre la Enmienda Constitucional 141, que establece dos días de descanso semanal y reduce gradualmente la jornada máxima de 44 a 40 horas semanales sin disminución salarial. La iniciativa había sido impulsada como una prioridad por el Gobierno de Lula y fue aprobada también con apoyo de sectores de la oposición, incluido el propio Flávio Bolsonaro. La medida permitió al presidente reforzar durante los días decisivos un mensaje dirigido particularmente a trabajadores y sectores de menores ingresos.

Esto no demuestra que quienes recibieron beneficios o apoyaron la reforma laboral hayan votado automáticamente por Lula. Pero sí proporcionó al mandatario temas concretos con los que movilizar a su electorado y defender los resultados de su administración.

La tercera clave apareció frente a las cámaras. A diferencia de la primera vuelta, Lula y Flávio Bolsonaro participaron en dos debates televisivos antes del balotaje. Ninguno produjo un ganador indiscutible, pero el último enfrentamiento, transmitido por TV Globo, dejó varios momentos que la campaña de Lula aprovechó durante las horas finales.

Uno ocurrió cuando Bolsonaro utilizó la expresión “nueve dedos” para referirse al presidente. Lula perdió el dedo meñique de la mano izquierda en un accidente laboral cuando era joven. El mandatario convirtió el comentario de su rival en una defensa de su historia como trabajador metalúrgico y exigió una disculpa. El episodio permitió a Lula conectar nuevamente con uno de los elementos centrales de su identidad política: su origen obrero.

Otro momento ocurrió durante una discusión sobre seguridad pública. Lula mencionó el caso de Ana Clara, una niña de cinco años que murió tras recibir un disparo durante una operación policial en Niterói en 2021. Su madre estaba presente en el estudio. Bolsonaro había integrado la defensa del policía militar acusado en el caso y, al dirigirse a la madre, se confundió y la llamó por el nombre de su hija fallecida. La campaña de Lula consideró ambos episodios favorables y los utilizó en sus mensajes finales para intentar persuadir a votantes indecisos.

No existe una forma de determinar cuántos votos —si alguno— cambiaron directamente por esos intercambios. Pero en una elección decidida por menos de cuatro puntos porcentuales, los debates se convirtieron en otro elemento de una campaña extremadamente cerrada.

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